96. La voracidad de un sentimiento
Carlo
Mi hermana estaba con nosotros, y por ahora, eso era lo único que importaba.
El trayecto a Fonte Nuova, una pequeña localidad que rodeaba el perímetro fuera de roma, supuso ser un recorrido de casi veinticuatro kilómetros. En la mitad de ello nos abordó el silencio. Denso, casi asfixiante, incluso tétrico. Tan solo se escuchaba el murmullo de una Isabella que se había rendido al sueño y el débil sonido de las llantas derrapando sobre calles poco trabajadas.
En cuanto a los cambios de plan