66. ¿Bastará confiar?
Analía
Intenté dormir, pero no fue más que un intento desesperado por arrancármelo de la puta cabeza.
No lo conseguí, al contrario, terminé incorporándome frustrada y pegándome al respaldar como una completa desquiciada.
Así que allí estaba de nuevo. Su rostro dibujándose espectacularmente bello en la bruma de mis pensamientos, y un enloquecedor sentimiento arraigándome el pecho.
Cerré los ojos y suspiré.
¡Maldito seas, Mauro Ferragni! ¿Por qué regresaste? Pensé, y luego se escuchó el ruido de