65. Una bestia de la saciedad
Analía
Me asombró la rapidez con la que roma se rindió a la noche y al silencio que comenzaba a gobernarlo todo. Desde el balcón del amplio salón de la casa, no se oía más que el movimiento de las hojas de los árboles, y el murmullo cercano de unas voces.
Me erguí con cuidado y tragué saliva pretendiendo hacer el menor ruido posible. Sin ser vista, me escondí detrás de unos pilares junto a las cortinas blanca. Al mismo tiempo una conversación se agudizaba.
Les reconocí de inmediato…
—Los Man