Mundo ficciónIniciar sesiónBella
No tuve ni siquiera la mínima intención de despedirme de Sandro cuando detuvo el auto frente a la escalinata de mi casa. Las luces del jardín estaban prendidas cuando llegamos y también lo hicieron las de la entrada. Uno de los guardias de seguridad se aseguró de reconocer los rostros dentro de aquel auto y fue Sandro quien, con un asentimiento de cabeza, hizo que se marchara.
—Bella… —Comenz&o







