32. Chismes de tocador

Bella

—¡Por Dios! ¿Estás bien? —Cogí a Gia entre mis brazos tan pronto la vi en un rincón apartado.

Ella me recibió del mismo modo, envolviéndome con un gesto cariñoso, froté su espalda, temblaba.

—Si… —Balbuceó, pero supe que mentía y ella pudo notarlo—. Estoy un poco mareada, ha sido solo el susto.

Negué con la cabeza y froté ligeramente su vientre.

—Ha sido un evento horrible. —Concordé—. ¿Quieres un poco de agua?

Asintió, por fortuna, uno de los camareros estaba ofreciendo vasos de agua de en ese momento para tranquilizar a algunos de los invitados, el resto, seguía con el espectáculo.

—Gracias… —Musitó, y su mirada me advirtió de la presencia de alguien a mis espaldas.

—Señoritas. &md

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