101. ¿A que sabe la victoria?
Bella
Me costó apartar los ojos de mi prima.
Respiraba, si, pero si quiera se movía. Era como si todo de ella estuviese sumergido en un sueño profundo mientras que su alrededor se desmoronaba a pedazos. Una lágrima manchó su mejilla y yo no tardé en descubrir que se trataba de mis propias lágrimas cayendo sobre su piel ahora tersa y pálida.
No había hecho el mínimo esfuerzo por retenerlas, tampoco por tranquilizar los insistentes y desesperantes latidos de mi corazón. Estaba a punto de creer