—La boda será la próxima semana, estoy tan emocionada que salto de alegría —soltó Salomé, entrando a mi habitación.
Se había vuelto costumbre.
Mi corazón se apretujó en cuanto escuché esas palabras porque Jean no me había dicho nada. Pensé que todavía faltaba por lo menos un mes más.
Había pasado una semana desde que me enteré de mi embarazo y los únicos que lo sabían eran Sara y Jean, no quería compartirlo con más nadie hasta que lograra resolver los problemas que me rodeaban.
Uno de ellos era