—¿No vas a decir nada? —cuestioné, sintiendo un ardor en mi garganta.
Él se dio vuelta para volver a intercambiar miradas conmigo. Unas miradas llenas de horror por lo que habíamos hecho.
Quería gritar, porque Jean seguía perplejo como si fuera una enorme broma lo que dije, pero se dio cuenta de que era verdad porque mi expresión no debía de ser bonita.
Estaba asustada por lo que se me venía encima. Jugué con fuego y ahí tenía las consecuencias de mis propios actos, ¿qué más me quedaba? Seguir