—¡Cuéntamelo todo! —exigió Sara.
Abrí los ojos y parpadeé varias veces porque la mujer estaba en la entrada de la mansión Hidalgo. No me esperaba que me visitara ese día, aunque sí recordaba haberle dado mi dirección en algún momento.
—S-Sara...
—Amiga, no has ido a la biblioteca y casualmente cuando vas, yo estoy libre —resopló—. Así que decidí venir a verte, ¿cómo estás? ¿Cómo llevas lo de tu hermana? —susurró lo último, viendo hacia todos lados.
Reí por su actitud. Se estaba asegurando de que