Maximiliano siguió a Hanna hasta el hotel donde había visto a Tiffany la última vez, notó el comportamiento extraño de su mujer a medida que avanzaba por el lobby de aquel Lugar y Maximiliano quiso, pero realmente no pudo esperar más así que cuando Hanna subió con prisas al elevador el hombre miró el número al que subiría para tomar el elevador privado justo al lado.
Hanna tembló mientras se aferraba a aquel bolso lleno de dinero que, de una forma u otra, debía admitir, había robado. Sabía que