Narrado por Myra
Me despierto por el llanto.
Ese llanto que no se parece a nada. No es un ruido cualquiera. Es un llamado que me atraviesa el cuerpo.
Me incorporo de golpe, todavía con el cansancio pegado a los huesos, y lo busco en la cuna.
Ahí está.m. Temblando. Con los puñitos apretados.
—Ya, ya… estoy aquí —susurro, levantándolo con cuidado.
Lo acerco a mi pecho. Camino un par de pasos, lo mezo, le acaricio la espalda. Su llanto baja poco a poco, hasta quedarse en un quejido suave.
—Eso… as