Sasha
El peso de Dante sobre mis hombros es un cruel recordatorio de todo lo que hemos perdido esta noche. Mi cuerpo grita por el esfuerzo, mis piernas tiemblan, pero me niego a flaquear. Me niego a dejarlo atrás.
— Aguanta, Dante.
Él gruñe débilmente, pero siento que su respiración se ralentiza. Un escalofrío de pánico me atraviesa.
— Tenemos que apurarnos.
Adrian camina a mi lado, en silencio, con la mirada fija en mí. El olor a sangre lo envuelve, un llamado al que incluso él debe luchar por