Sasha
Cuando vuelvo a abrir los ojos, el mundo se ha volcado.
Adrian sigue ahí, su mano en mi cintura, su mirada ardiente anclada en la mía. Mi respiración es corta, mi corazón late a un ritmo frenético, como si intentara escapar de mi pecho.
Este beso…
No tenía nada de inocente.
Tenía el sabor del peligro, del poder y de esa atracción irreprimible que nos empuja el uno hacia el otro, una y otra vez, a pesar de los prohibidos.
— Estás temblando, murmura Adrian acariciando mi mejilla con la yema