Sasha
Miro a Adrian, que parece tan preocupado como yo. Su mirada, normalmente tan segura, está turbada. Las líneas de su mandíbula se tensan y sus manos se crispan sobre el filo de su espada. Estamos en territorio desconocido, y es una sensación que me hiela los huesos. Hasta ahora, hemos luchado por nuestra supervivencia, pero mañana lucharemos por nuestra libertad.
Me acerco a él, un escalofrío recorriendo mi espalda. Él gira lentamente la cabeza hacia mí, y sus ojos atrapan los míos. Hay un