Los cuentos de hadas no son para las sirvientas.
Y a pesar de que ese beso había sido mortal para mi corazón y para mi hermana, el cuento de hadas no se prolongo más.
A la mañana siguiente, el se había ido.
–Se fue a Londres. –Me avisa su hermana mientras la ayudo a ponerse el uniforme de la escuela. –Tuvo que ir, ya que alguien quiere comprar la casa en donde vivíamos.
No puedo decir que no fue triste, pero tenía que mantener la cabeza en alto, no podía cabecear por un romance que quizás pueda