El jefe estaba totalmente histérico por lo que había pasado, tanto que no dejó entrar a nadie a su estudio, cerrándole la puerta en la cara a todas las personas, que quisieron entrar.
–No me duele tanto. –Le comenté mientras él pasaba un algodón con alcohol sobre mi rodilla, que se había abierto por la caída.
–Deje de insistir, no la dejare ir de mi estudio sin curarla. –Me dice necio y obstinado.
–Es mejor que vaya al hospital. –Pero en este momento no había hospital al que ir, ya que no tenía