FINAL
Trece meses después.
El sol estaba a todo lo que daba en Los Hamptons.
El jardín que estaba al lado del mar, se escuchaba tan calmado y relajante esa tarde. Habíamos hecho un picnic en el jardín, mientras yo sostenía a mi pequeña bebé de tres meses llamada Loreta, como la madre de Maximo, era tan hermosa con su poca cabellera castaña clara y su piel blanca como la nieve, tenía unas pestañas tan largas que hacían ver sus ojos cafés incluso más claros. Sus labios eran rojos como la mismísim