Desgraciadamente las sirvientas también somos como los curas, tenemos que escuchar los pecados y callar. Así que a pesar de que estaba aqueda por la forma en que el amigo del jefe me trató, mantuve mi boca cerrada.
Camine hacía la piscina que estaba en la parte trasera de la mansión, notando que había dos personas sentadas enfrente de la piscina descansado. Pude divisar de inmediato a mi hermana, quién vestía su pijama mientras lucia bastante cómoda.
–¿Qué estas haciendo? –Le grité a Alison, sa