—Camila, te has confundido —Daniel intentó acercarse, pero el policía lo detuvo rápidamente.
—Señor Castillo, la señorita Natalia ha llamado a la policía diciendo que usted ha secuestrado a su hermana.
—¡Eso es una locura! ¡Camila es mi esposa! —Daniel nos miró con furia.
Sentí un nudo en la garganta y no pude articular palabra. Natalia me acarició la espalda, mirándolo con desdén.
—No, ustedes están divorciados. Camila nunca ha dicho que quiera volver a casarse contigo. Oficial, sospecho que él