Francisco salió con ella, y antes de cerrar la puerta, me hizo un gesto con la cabeza. Sabía que algo grave había sucedido, pero ellos dos no necesariamente me lo dirían.
—¿No puede ser? ¿Ya son las siete y se levantaron tan temprano? —Estela, todavía adormilada, abrió la puerta y caminó hacia mí con un gran bostezo.
Zumbido, zumbido… Mi teléfono sonó, y al ver que era una llamada de Paloma, respondí de inmediato.
—Camila, ¿no estás en casa de Natalia? ¿Podrías venir a la empresa? —Su voz sonaba