Después de un día agotador, todos estábamos cansados. Al regresar a mi habitación, sentí un dolor generalizado en todo el cuerpo. A pesar de lo mal que me sentía, me forcé a tomar un analgésico, y después de un rato comencé a sentir un poco de energía.
Zumbido, zumbido… Mi teléfono volvió a sonar, y con resignación, contesté.
—¿Hola, quién habla?
—Soy yo —La voz de Daniel, con un tono ligeramente divertido, resonó al otro lado.
—Camila, escuché que ya estuviste en Provincia Soleada. ¿Natalia sal