Daniel salió de la habitación sin mirar atrás. Siempre había sido así; en las negociaciones, dejaba la presión sobre los demás.
En ese momento, no era su amante, ni siquiera una amiga; solo era su oponente.
Al verlo irse, Natalia entró de un salto. Me miró de arriba a abajo durante un rato, y finalmente soltó un suspiro de alivio.
—Qué bueno que estás bien. No sabes cuánto me asustaste. Camila, no vuelvas a estar sola con él; es realmente aterrador. Daniel ya no es el mismo que conocías, así que