—¿Tienes una villa? —repetí sus palabras.
—No solo una, puedes quedarte en la que quieras —Él sacudió la cabeza con desdén.
Puse los ojos en blanco, ¿acaso estaba intentando presumir?
—No, gracias. Todavía estoy en el hospital...
—¿Esperando a que te molesten? Hablé con tu cuñado y me dijo que también podrías regresar a casa para tu tratamiento —Leonardo me miró con una expresión sombría.
Así de fácil definió a Francisco como mi cuñado, y me sentí incómoda, pero solo pude murmurar.
—Aún no están