—¿Tío? —Samantha me miró con los ojos muy abiertos.
Supuse que ese hombre era su padre, así que lo llamé así. Pero su expresión cambió al instante y empezó a reírse a carcajadas.
—¡Hermano! Te dije que parecías un hombre mayor y no me creías. ¡Mira! ¡Camila ya te llamaba tío! ¡Ja, ja, ja! No te preocupes, eras un hombre de treinta años con un alma de sesenta, ¡ja, ja, ja! —En medio de las risas desenfrenadas de Samantha, me sentí muy incómoda.
Al principio solo pensé en lo parecido que era ese h