Bajé la mirada para ocultar mi sorpresa y rápidamente cambié el tono a uno de ira.
—¡Voy a preguntarte! ¿Por qué Daniel resultó herido? Tío, aunque quieras que tu hija sea la amante, ¡no es así como se hace! ¡Soy tu sobrina! —mi voz no fue baja; el pasillo del hospital estaba lleno de gente, y enseguida comenzaron a mirar.
José se vio mal, y rápidamente me llevó hacia la habitación.
—¿Qué actitud es esta? —lanzó la canasta de frutas al suelo.
—¡Y tú qué actitud tienes! ¡Eres mi tío y quieres que