No sé qué le dijo Daniel, pero la mujer de repente soltó una risa y, al mirar hacia la puerta de la oficina, sus ojos se iluminaron. Se apresuró a abrir la puerta.
—Camila, ¿por qué estás afuera? ¡Entra, rápido! —Su actitud de dueña de casa me dejó atónita.
—El señor Castillo tiene un visitante importante, así que volveré otro día. Hasta luego —Rafael me dio un leve asentimiento.
Sabía que, con alguien más presente, no era conveniente hablar de negocios, así que dejé que Lucía lo acompañara.
—Se