—¡Osito! ¡Suéltalo, Osito!
Grité con dolor, abrazando con fuerza a Osito. Al oír mi voz, este aflojó la presa, pero le seguía gruñendo a Daniel.
—Dani, Dani, estás sangrando —dijo Sofía con preocupación, abrazándolo.
Pude ver que tenía heridas en el brazo, Osito lo había atacado con toda su fuerza. Cuando Daniel me miró, Osito volvió a abalanzarse, logró sujetarlo.
—Sofía, vámonos —dijo Daniel, mirándome fijamente, y se marchó abrazado a ella.
Cuando desaparecieron en el ascensor, me desplomé e