El café estaba abarrotado, la hora punta del almuerzo en pleno apogeo, Rose encontró a Maya en una mesa de la esquina, apretujada entre la ventana y una planta en maceta que había visto días mejores, ella removía su café en círculos lentos, mirando a la nada.
"Hola", Rose se deslizó en el asiento frente a ella. Maya levantó la vista, sonrió, pero era frágil, el tipo de sonrisa que podría romperse si la tocabas mal, "hola".
"¿Estás bien?", Rose estaba preocupada. "No lo sé", Maya rió, suave y te