Darshen permanecía junto al dorrn, con las manos sueltas a los costados y la mandíbula apretada, observando a Sebastian Lariel recomponerse como siempre, limando las grietas antes de que se extendieran, controlando la narrativa antes de que se descontrolara. Era lo que lo hacía peligroso, no el dinero ni el poder, sino la capacidad de hacer que la gente dudara de lo que sabían que era verdad. Darshen se preguntaba por qué los Lariel lo llamaban una y otra vez. Estaba harto de sus travesuras.
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