Lo miré con intriga e indiferencia. Le gruñe para que saliera mientras que las lágrimas rebosaban sobre mis mejillas.
_ ¡Lárgate!
Me miro, y no pronuncio, ni una palabra. No le mire a los ojos, temía que su mirada fría me hiciera salir de mis corduras. Suspiro y me jalo, encerrándome en sus brazos. No luche para salir de su agarre, al contrario, me aferre a tener su pecho, como sustento para llorar. Su aroma dulce, me embriagaba. Su olor a tabaco, mezclado con su perfume, Me deleitaba. Al oler