Amber sollozaba mientras tomaba las pocas cosas que apenas unas horas antes había puesto en el escritorio de su nueva oficina.
—¿Y ahora qué haré? ¿Cómo voy a pagar la hipoteca de la casa? Seguramente mi padre me sacará de ella, estoy perdida —se repetía una y otra vez mientras limpiaba unas cuantas lágrimas traviesas que salían de sus ojos.
—¿Puedo pasar? —escuchó una voz ronca detrás de ella que la hizo temblar inmediatamente.
Se giró lentamente encontrándose con una figura genuina, esbelta, y