Había pasado una semana que Amber había llegado a la empresa, había vuelto a su puesto de trabajo, pero, después de ese beso, Andrea no volvió a acercarse a ella, hasta que la llegada de Fernanda los volvió a acercar, para mala suerte del italiano que lo único que quería hacer era olvidar el puto beso de sus labios.
—Quiero conocerla —entró Fernanda con un escolta a su lado. La chica era hermosa, sus cabellos negros traspasan sus nalgas y sus ojos azules se veían aún más brillosos por encima de