Amber tomó el lapicero y con las piernas como gelatina, firmó el contrato sin ver a Andrea, un contrato sin sello, sin fecha de caducidad, sin ningún argumento legal que lo avalara, porque sin ella saber ese matrimonio con Andrea era más real que la ganas que ella tenía de obviar las cláusulas que ella había impuesto, pero, era tan orgullosa que no iba a dar su brazo a torcer, no aún.
—Bien, debes mudar tus cosas a la mansión, desde ahora vivirás aquí, he estado preparando todo para la boda, se