Amber entrelazó sus manos en el cabello de Andrea, tiró de él y desesperada devoró sus labios. Estaba hirviendo por los días que había estado conteniendo sus ganas, sus deseos desmedidos por su jefe.
—¿Y la cláusula? —preguntó él en sus labios con picardía.
—A la mierda —respondió ella desesperada.
Andrea no pudo evitar sonreír, le agradaba sentir que Amber lo deseaba tanto como él la deseaba a ella.
La jaló del brazo y la subió a la camioneta, haciéndole señas a los guardaespaldas que se qued