Amber volteó su cuerpo para no ver a su hermana, Angélica. Pero no pudo evitar sentir como sus ojos se llenaban de agua. Ella de verdad estaba intentando olvidar todo ese mal tiempo, ella de verdad estaba intentando olvidar que ellos la habían robado, que ellos habían hecho con ella lo que querían.
—¿Qué haces aquí? —preguntó sin mirarla.
—Oh, Amber, ¿estás embarazada? ¿Acaso tu esposo es dueño de esta mansión? —preguntó mirando a todos lados, maravillada.
—Por favor Angélica, no tengo tiempo,