—¿Ustedes ya se conocían? —preguntó Andrea mirando a ambos con curiosidad.
—Eh, sí —dijeron ambos al unísono.
—Bueno, no es que lo conozca, ni siquiera sé su nombre, solo lo vi en el cementerio, en la tumba de mamá, pero, no sabía que usted era dueño de una casa de modas —Amber lo miró, extrañada.
Tomó la mano de Andrea con fuerza, porque se sentía extraña, no solo era porque el hombre conocía a su mamá, había algo más, algo extraño, pero ¿Qué?
—Sí. Lo siento, mi nombre es Aidan Byrne, sí, sé q