Todos murmuraban en los pasillos nerviosos cada vez que llegaba su jefe. Comenzaban a temblar de miedo. Demetrio Laureti se había vuelto un hombre frío y distante, sin tiempo para las mujeres, sin tiempo para enamorarse. Y eso era porque solo una mujer logró tocar todas las fibras del italiano, Evangelina Anderson, su ex secretaria de hace cuatro años atrás; una mujer dulce, inteligente, hermosa y capaz. La mejor de todas, solía decirle. La mujer perfecta.
Miró su silueta en el espejo, sus rasgo