Sentía que cada parte mi piel se estremecía, sentía que mi cuerpo temblaba bajo su imponente figura, y no, no tenía la fuerza de empujarlo, de salir huyendo o simplemente de decirle que no quería estar con él, porque la realidad era que me moría por estar con él, con sentir sus centímetros en mi interior, por sentir su mirada azules es mis ojos mientras me penetra.
Es que Andrea era como un dulce, que llena y embriaga el cuerpo de quién lo come. Un dulce venenoso que si lo tomas hace daño, pero