Después de unos días, Fernanda había logrado con sus influencias llevar a Juicios a Alba, para luego volver a Rusia; era una mujer que se la pasaba en juntas y negocios, y que por más que quisiera no podía quedarse. Aunque ella se sentía más tranquila, estaba segura que los abogados iban a lograr que el niño volviera a manos dónde nunca debió salir, a las manos de su padre, de ese ser que tenía días enteros sin comer por no saber el motivo de la mudez de Dante.
No obstante, mientras Andrea junt