Habían pasado quince días desde que Amber había llegado de la luna de miel con Andrea, era imposible que ella estuviera embarazada, además, Andrea le había comprado las pastillas anticonceptivas, «¿qué podía salir mal?» Se preguntó mentalmente, sin embargo, para una persona tan jodidamente despistada como era Amber, todo podía salir mal, porque, cuando se dio cuenta de que los mareos, la falta de apetito y sobre todo su decaimiento podía ser de un embarazo, subió las escaleras como alma que lle