Amber estuvo trabajando los siguientes días en diseñar todo lo que su mente imaginaba en juguetes sexuales. Se sorprendió un poco, porque para alguien virgen como ella, que se suponía que no sabía nada de miembros, los imaginaba muy grandes y rosados, seguramente producto de las películas que había visto con su amiga Lucía, o de los libros de cincuenta sombras de grey que había leído donde los describen muy bien.
—¡Oh, por dios! ¿Este es mi pago? —exclamó emocionada viendo el mensaje con la noti