Estar en un hospital nunca había sido tan recurrente para mí como las últimas veces, y mucho menos tan tormentoso cómo hasta ahora. Miro mis manos llenas de sangre y trato de limpiarlas con el pantalón que llevo puesto. Seguramente me las llene tratando de tomar a Amber cargada. Un nudo se posa en mi garganta, de solo recordarla bañada de sangre, es tan pequeña, tan frágil, que me molesta más aún lo que pasó.
—¿Quieres café? —pregunta Aidan sentándose a mi lado.
Asiento con la cabeza y tomo el