De esta no te salva nadie.
Después de una jornada eufórica en la oficina, Demetrio se dirigió a casa de Antonio, quería despejar un poco su mente. Lo necesitaba.
Paró su auto, y entró a la cómoda, y grande casa de su amigo, que quedaba en una buena zona de Florida.
La música de fondo le indicó que estaban reunidos en el jardín, así, qué, dirigió sus pasos hasta ahí.
Abrió los ojos de par en par, a ver la cantidad de personas, y la mayoría eran empleados de la empresa, que apenas vieron a Laureti, se quedaron estáticos y s