Alina sonrió; era una mujer de dentadura perfecta y blanca; sus cabellos, de un color rubio ceniza. Tan alta que parecía una modeló; bonita, pero no tanto como Evangelina Anderson, que dejaba suspiros a su paso.
Demetrio miró a la chica que lo miraba con una sonrisa, e hizo una mueca de desagrado; él ya no era el joven tonto de antes, ya no era el heredero más cotizado, ahora el puto CEO de las empresas Laureti; ella no podía intimidarlo, ni manipularlo como en el pasado.
Desabotonó su saco, y