- ¿Ya se conocían? - preguntó Edward en voz baja mientras caminaban hacia el aparcamiento del hospital.
- Sí, pero yo no sabía que era tu secretaria y ella no sabía que yo era tu hermano. - Arthur suspiró, metiéndose las manos en los bolsillos.
- Parecéis muy unidos. - Miró a su hermano por el rabillo del ojo, esperando que lo negara.
- En cierto modo. - Se rio para sus adentros, recordando los breves momentos que había pasado con la rubia. - Era la única que me cogía de la mano cuando estab