- ¿Quieres comer algo? - preguntó Rebeca en cuanto entraron en la gran casa, sin dejar de seguirle mientras él evitaba mirarla a los ojos en la medida de lo posible. - Puedo cambiarme rápidamente y prepararte algo si aún no has comido.
- Eh..., sí, por favor, pero no algo muy pesado, que tengo el estómago raro. - Comentó mientras se masajeaba el estómago por encima de la camisa de vestir.
- ¿Qué sientes? - Rebecca dejó el bolso y el abrigo en el sofá y se acercó a su jefe. Levantó una mano y to