GABRIELA
—¡Dios mío, mi hija!.
—Mi niña por Dios, háblame, hija.
—Gaby, por favor dinos que estás bien.
Escuchó más de una voz conocida a mi alrededor y voy recuperando el sentido abriendo de a pocos los ojos pues siento que he dormido un año y he tenido un sueño ridículo.
La cabeza aún me da un poco de vueltas pero ver a mi familia me hace sentir un tanto mejor dándome cuenta que hay demasiada luz.
—¿Que me pasó?— pregunto queriendo ponerme de pie pero mamá me dice que no lo haga— pero dón