RODRIGO
—Aun no puedo creer que estemos aquí— escucho a Isabella que suspira pegada a mi brazo— gracias por esta segunda oportunidad.
Dice la rubia que increíblemente para mí después de que sufrí como un condenado por ella cuando me dejó, ahora no me causa nada más que confusión porque a pesar de todo me niego a creer que mi papá haya hecho algo así, eso sería cruel hasta para alguien como yo, y mientras ella cree que la llegada a Italia es una segunda oportunidad para nosotros, yo solo quier