RODRIGO
—La verdad más grande de mi vida.
Coloco mis manos en su preciosa cara y la besó con furia, no de esas que le quiere arrancar la ropa odiando que me guste tanto, si no con una que le quiere decir que no se vaya de mi lado, que quiero que el tiempo en Italia sea eterno, la forma en la que nuestras lenguas se adaptan la una a la otra hace la mejor conversación del mundo, sus manos aferradas a mi camisa suspirando cuando dice que me anhela y yo… yo tanto o más que ella.
Besos y caricias