GABRIELA
—¿Qué diablos pasa aquí?— escucho al dueño del local sin poder creer aún que el está aquí.
—¡Déjenme! Pórtense como los supuestos hombres que son y déjenme partirle la cara a esa mierda— quiere zafarse pero no sé puede, son muchos.
—Por favor, ya basta… él me faltó el respeto, lo juro, por favor dígales que lo suelten— le pido al dueño que no sabe qué hacer y ni así Rodrigo deja de ser tan prepotente insultando a todos.
—¡Cállate!— le gritó estresada.
— A mí no me calles, este